Hace 50 años – 1967

Del libro: Obras Sociales de María Auxiliadora – escrita por la beata Sor María Romero. Pag. 149.

Una actividad imprevista: las clases de alfabetización a las ancianas.

“Tenemos pobres que han vivido sobre una batea todo el día o bien, moliendo el día entero para ganarse el cinco (como dicen ellas) y así poder, a fuerza de sacrificio, dar a sus hijos un porvenir mejor. Y de hecho, varias tienen hijos cursando estudios secundarios y otras, la universidad; pero ellas, las analfabetas, después de haber sobrellevado por años el peso de un pesado y fatigoso trabajo, han recibido en recompensa la ingratitud, precisamente de aquellos, por las que, con amor se han sacrificado olvidándose de sí mismas.

Llorando nos decían ya una u otra: “Se afrentan de mi, no me hacen caso para nada, y cuando les llamo la atención me dicen: Cállese Ud. retrógrada, analfabeta”…

Pues estos términos, no los volverá a oír usted nunca más, les contestamos. Pronto les daremos clases a las que no saben leer ni escribir, para que puedan escribir su nombre y escribir sus cartitas. Confiamos esta actividad a San José, Patrono de los pobres, por lo cual el 19 de marzo de 1967, con la mayor parte de las 60 que iban a recibir las clases de alfabetización y las maestras que iban a dárselas gratuitamente, tomamos fotos conmemorativas con la imagen de San José, para empezar al día siguiente, la labor.  Allí había entre las pobres, ancianitas de 80 años que, con una alegría que les retozaba en el cuerpo, como chiquitas que van por primera vez al Kinder, con bulto y uniforme nuevo, comenzaron a aprender a leer “mamá” y a escribir palotes.

Para que hacen esto, nos decían algunas, esas ancianas están más para el otro lado. ¡Disparates! Si consolar al triste y enseñar al que no sabe, son también obras de misericordia que podemos hacer aún con los que están al borde de la tumba!

Todas sin excepción, aprendieron de verdad a leer y a escribir. Gozaban cuando íbamos a verles sus cuadernos y a oirlas leer; y más todavía, cuando les dimos el premio de sus esfuerzos y perseverancia.

Varias aprendieron a escribir con una caligrafía que parecía de alumnas de 6° grado y así también aprendieron a leer de corrido, con una alegría que les transparentaba; y nosotras al verlas, igual, pero dando gracias al Señor y exclamando con la Virgen:

“Mi alma exulta de gozo en Dios mi Salvador! “

Sor María Romero, 1967.

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